EN LA MIRA

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Por: SILVERIO QUEVEDO ELOX

Crimen de Alexander, un añejo cáncer en la Cuenca

Este sábado el Juez de Control de la ciudad de Tuxtepec, Oaxaca, dictó prisión preventiva provisional contra el policía municipal de Acatlán de Pérez Figueroa, señalado como probable responsable del homicidio de un jovencito de 16 años, en la trágica noche del 9 de junio.
Acatlán de Pérez es un municipio ubicado a escasos 55 minutos de Tierra Blanca. Se encuentra en una franja limítrofe entre Veracruz y Oaxaca, que por décadas ha sido denominada una zona caliente.
También a una distancia similar de Omealca y Yanga, la otrora zona de influencia del cacique Toribio Gargallo Peralta que levantó su imperio a base de crímenes y lo hizo uno de los más temidos en la región, en el gobierno de Agustín Acosta Lagunes, conocido como “El Toro” Gargallo, quien fuera eliminado por el mismo gobierno cuando se le salió de control.
Acatlán de Pérez tiene una comunidad llamada Vicente Camalote donde se registraron los hechos que han conmocionado a nivel nacional e internacional, el homicidio del estudiante y futbolista profesional a manos de la policía.
En esa misma comunidad, apenas hace un mes fue liquidado un exlíder cañero de ingenio Las Margaritas y tras un enfrentamiento de los homicidas con los policías, hubo un sangriento saldo de seis muertos.
Tierra Blanca, donde apenas el 29 de mayo masacraron junto a otras 4 personas a Francisco Navarrete, dueño de un periódico, pero a quien se le ligó con el crimen organizado (una semana después hicieron lo propio con su hijo), es una ciudad que está flanqueada a su vez por los municipios oaxaqueños, Acatlán de Pérez y San Miguel Soyaltepec, mejor conocido como Temascal.
Temascal era el aposento de César Toimil Robert, otro cacique invasor de tierras y opresor de campesinos, que como líder de la Crocut comenzó serios enfrentamientos con la Ugocp de Margarito Montes Parra. Ambos fueron abatidos allá entre el 2005 y 2009, Montes Parra en su natal Sonora. Masacrado junto con casi 20 personas más entre ellos, mujeres y niños, sus nietos.
El primero de ellos en igualdad de circunstancias. Traicionado y acribillado en un cruce de lanchas en la zona oaxaqueña, siempre en los límites con Veracruz.
Cuando este reportero incursionó en la Cuenca del Papaloapan siempre obtenía la misma versión y advertencia. La zona es altamente preferida y donde tienen sus grandes centros de operaciones el narcotráfico, actividad predominante entonces por allá del 2000 a 2004, pero también por otras actividades ilícitas y organizaciones dedicadas al asalto de tráileres y tráfico de armas. Luego, vino el secuestro, huachicoleo, cobro de piso y demás.
Ambos grupos y desde entonces, así como sus líderes, fueron eliminados por diferencias con la delincuencia organizada que ha permeado y se ha apoderado abiertamente, no solo de la libertad de esos pueblos de la región Norte oaxaqueña y del Papaloapan, imperando el miedo y el terror entre los ciudadanos, sino de las policías y obviamente del control de los gobiernos municipales y representantes estatales.
Lo mismo en Acatlán, Cosolapa, Temascal, en Oaxaca; que en Yanga, Omealca, Tierra Blanca, Tres Valles y Cosamaloapan en Veracruz. En ninguno de los últimos sexenios, y bienio, algún gobernante hizo algo por limpiar la zona.
En Acatlán, de donde ha surgido el indignante caso del jovencito de 16 años, asesinado por un policía, que ha dado la vuelta al país y al mundo, es la última gracia de este reinado del crimen en la zona.
De la.impunidad total durante años. Es la consecuencia de que los policías y autoridades estén al servicio del crimen.
Un video se ha viralizado cuando los niños, compañeros de futbol y de barrio, del joven victimado que era deportista y jugaba en la 3ª división con el equipo UGM de Tierra Blanca, realizaron una jugada, y tras rebotar el balón en el féretro de Alexander Martínez, logran que éste anote su último gol antes de llevarlo a sepultar.
La madre aún en shock dio las gracias públicamente este viernes en el noticiero vespertino de Azucena Uresti al gobernador José Murat y a un diputado por su apoyo al estar dando seguimiento al hecho. Pero hasta ayer solo un elemento de policía era el único detenido y al que se le dictó orden de aprehensión.
La indignación por el crimen del jovencito, a través de protestas ciudadanas en ese lugar, no es menor a la aberrante reacción que despierta el dictar prisión a un policía.
El asunto de fondo no recae en un elemento que le ganó el miedo o la necesidad de justificar la mesada que les da el crimen organizado para cuidarse ya sea de los halcones o de integrantes de otro cártel al que domina la zona.
Por ello, “la equivocación” no para resguardar a la ciudadanía de delincuentes sino para cuidar la plaza de los grupos delincuenciales. Esa es la misma película en Acatlán, Tierra Blanca, Tres valles, Cosolapa y muchos municipios más, un lugar considera tierra de nadie sin que años después ninguna autoridad ponga orden.
Según informes de Inteligencia y de las propias autoridades federales el 62 por ciento de las corporaciones policiacas municipales o estatales se encuentran infiltradas por el narcotráfico.
Por eso, castigar a un policía no será suficiente para devolver la paz y la confianza a la población. Menos para sanar lo irreparable en la vida de una familia que al igual que muchas más, ha sido destrozada.
Ojalá la muerte de Alexander de 16 años sirva para hacer algo más que eso. Y no sea un ridículo y una simulación de las autoridades y los gobiernos aplicando la justicia, cuando el problema de raíz es mayor y de fondo.
Ojalá también que en Veracruz se pongan las barbas a remojar y no haya otros Alexander.

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