EN LA MIRA

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Por: SILVERIO QUEVEDO ELOX
LA CRISIS DE LOS “CERILLOS” ADULTOS MAYORES
  Nos despedimos hoy señor, dijo en tono compungido y preocupado, más por el escenario de tipo económico para su manutención que por el de Salud, por la epidemia que mantiene en jaque a la humanidad, pero que de ser una amenaza global pasa a sentirse y palparse en cada esquina, en cada calle, en cada punto de intercambio comercial o de algún servicio.
 Por eso en el Supermercado el hombre de más de 65 años de edad, llama la atención con su cortés pero sentida despedida: -¡Ya nos tenemos que ir!, nos dijeron de la Gerencia. -Y ni modo, a resguardarnos, reiteró el canoso personaje que acomoda con esmero y cuidadosamente acomoda la mercancía en el carrito, todos los días en la caja 8 de una tienda Chedraui.
 Y es que las medidas contra el Coronavirus han obligado a pedir a los adultos mayores que laboran como “cerillos” a cumplir la cuarentena y sumarse a las medidas de contingencia. Ellos forman parte del sector más vulnerable, y de ser contagiados tienen la mayor probabilidad de pasarla mal incluso, son del rango de edad con más alto índice de fatalidad de la pandemia.
 ¿Cuántos se emplean en el súper?, pregunta el reportero.
–Entre 30 y 40, ya que hay dos de nosotros por cada uno de los dos turnos, y son 8 a 10 cajas abiertas.
¿Todos a casa?
–Todos, a partir de mañana (ayer domingo fue su último día)
En la conurbación se calcula al menos diez centros o plazas comerciales con una tienda de autoservicio, mientras que en forma separada existe otro tanto de negocios, es decir entre 20 o 25 comercios de ese tipo y multiplicados por el número de “cerillos mayores” son alrededor de mil empleados que se han tenido que suspender.
 Qué harán ahora?
–No sabemos, muchos no somos jubilados, no tenemos ingresos y algunos mantenemos aún a la familia. Dice la empresa que nos va a apoyar pero no sabemos cómo. Sabemos que primero es la salud, pero de dónde comemos? Se pregunta al mismo tiempo el hombre, cuyas canas y arrugas parecen hacer más sombrío el reflejo del futuro en su rostro.
  Los responsables de la OMS-Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el país norteamericano, Jean Marc Gabastou y Cristian Morales Fuhrimann, en una amplia entrevista a El País recibieron la siguiente pregunta:
 -En México miles de personas mayores de 60 años están en las cajas de los supermercados empacando productos para ganar unas propinas. Son población de riesgo por su edad, pero a su lado pasan cada día miles de manos y de bocas. ¿Es prudente permitir que sigan estando en esos espacios?
— Es un comentario acertado. Son de riesgo y más si tienen comorbilidad, como diabetes, antecedentes de problemas respiratorios. Hay medidas que se están gestando y que serán anunciadas, pero no todo es responsabilidad federal, también están los municipios, los Estados, que deben tomar medidas acordes con la decisión de sus poblaciones y de su población de riesgo.
Y en otra más, se les planteó:
¿La OMS recomendaría que esos jubilados estuvieran apartados ya de los supermercados?
— La palabra apartados no es la adecuada. Hablamos de protección, de garantías sanitarias, no es cuestión de estigmatizar, sino de que tomen medidas de cuarentena, de que espontáneamente se les recomiende aislarse y que los miembros de sus familias o asilos adecuen la respuesta a esa población. Nuestra recomendación es proteger a esa población.
 Ayer, según nota aparte de IMAGEN del GOLFO, las empresas Aurrera, Soriana, Walmart, Chedraui enviaron a sus empaquetadores a sus casas, debido a que pertenecen a una de la poblaciones sumamente vulnerables al contagio y al mismo virus, pues todos pertenecen a la tercera edad.
De acuerdo a la información todavía el fin de semana en algunas tiendas se pudo a ver a algunos hombres y mujeres de la tercera edad empaquetando en algunos lugares pero con cubrebocas puestos, algunos de ellos incluso con guantes de látex, al igual que algunos cajeros y cajeras de entre 30 y 40 años.
 El aviso que recibieron el sábado fue el de que tras irse a sus casas se les apoyará con “alcancías” puestas en cada caja de cobro para que los clientes donen algunas monedas, y por cada peso que se encuentre en la “alcancía”, la tienda pondrá una cantidad igual para repartirla entre sus empaquetadores.
 Ojalá se cumpla con ello, y aún cuando no tienen prestaciones de Ley, ni la empresa está obligada a mantenerles sus ingresos, esta medida parece acertada, pese a que la afluencia de los clientes es mucho menor conformada pasan los días.

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